La brecha de la desigualdad económica y las elecciones

Por Arq. Alejandro Ramírez Ugarte

El cambio más importante en la sociedad norteamericana en la generación pasada -aproximadamente desde que Ronald Reagan fue elegido presidente- ha sido el aumento en la desigualdad en ingresos y riqueza.

En el año 1979 el tan sonado “uno por ciento” de la gente recibió el nueve por ciento de todo el ingreso personal. Ahora recibe una cuarta parte. Las ganancias se han incrementado mientras más se sube en la escala de ingresos. Una décima parte del uno por ciento más rico percibe un diez por ciento del ingreso total, y la centésima parte del uno por ciento recibe el cinco por ciento. En el 2010, noventa y tres por ciento de las ganancias totales las recibió el uno por ciento de la cima económica.

(Cifras extraídas de “The Great Divergence: American´s Growing Inequality Crisis and What We Can Do About It”, de Timothy Noah).

El triunfo de Barack Obama en las elecciones del 2008 pareció obedecer al deseo de los votantes para mejorar su economía, sobre todo ante la crisis financiera y la baja del índice de empleo subsecuente. Las expectativas del público que lo apoyó fueron altas y las promesas del nuevo presidente, desde su campaña, altamente optimistas también. La realidad que se ha ido manifestando va siendo otra y el desencanto de los votantes ha ido en aumento. A pesar de los esfuerzos del presidente, el poder ejercido por la mayoría republicana (que representa al “uno por ciento”) de la Cámara de Representantes, se ha encargado de bloquear y manipular todas sus iniciativas con el menor tinte de “socialismo” o “populismo” y de revertirlas en apoyo a los grandes intereses.

No conozco las cifras equivalentes para México, ni pretendo que los dos casos sean comparables, pero sí creo que muestran ciertas similitudes dolorosas. Uno podría pensar que la riqueza en dinero y la pobreza en el número de votos del uno por ciento más rico deberían compensar la desigualdad en tiempo de elecciones. Que los candidatos más cercanos a los grupos con un alto número de votos y bajos ingresos (los jóvenes, los campesinos, la clase baja urbana) tendrían altas probabilidades de ser elegidos.Pero esto no parece ser así.

El ejercicio de la democracia en México nos ha dado toda clase de sorpresas: Viendo hacia atrás, me parece increíble que el país haya soportado, sin mayor problema, los niveles de corrupción e ineptitud del gobierno federal, sobre todo a partir del periodo de Luis Echeverría y los priistas que le siguieron, que dejaron al país en ruinas. La siguiente sorpresa: el triunfo de Vicente Fox, que produjo un nivel progresivo de prosperidad y sobre todo de estabilidad, parece que ya va pasando al olvido.

Algunas cifras del periodo de Fox que vale la pena recordar:

  1. Valor del peso frente al dólar

Presidente

Periodo

Inicial

Final

Diferencia en %

Luis Echeverría

1970/1976

12.50 22.69

81%

José López Portillo

1976/1982

22.69 150.29

562%

Miguel de la Madrid

1982/1988

150.29 2,483.00

1555%

Carlos Salinas

1988/1994

2,483.00 3,375.00

36%

Ernesto Zedillo

1994/2000

3.37 9.45

180%

Vicente Fox

2000/2006

9.45 10.29

14%

  1. Índice de inflación de sólo el 4% anual, que no habíamos tenido desde el periodo de Díaz Ordaz.
  2. Pago total de la deuda con el FMI y creación de fondo de reservas por 67,000 millones de dólares.
  3. Una infinidad de cambios cualitativos hacia una mejor vida social: libertad de prensa, radio y TV, institución del IFAI, iniciación del Seguro Popular, etc.

El desbancado poder político y económico, sorprendido ante una situación inesperada, no atinó inicialmente con una buena estrategia para combatir al presidente Fox hasta ya avanzada su administración, cuando lo empezaron a atacar con burlas e insultos sobre su desempeño (aprovechando la nueva libertad de prensa), sobre todo ante su desafortunada relación con “Martita”.

Ante la segunda derrota presidencial, la oposición se organizó en un bloque más o menos amorfo, pero decidido a desprestigiar a la administración del presidente Felipe Calderón “cueste lo que cueste”. El centro de esta campaña parece inspirado en el crecimiento de la violencia y la guerra contra el narco declarada por el presidente, campaña que actualmente se ha llevado a extremos que nos hagan pensar que el poder federal es incapaz de mantener el control, y que coinciden con la campaña desvergonzada de uno de los peores candidatos presidenciales de la historia de México. (Hablando de violencia, sin querer menospreciar el sufrimiento terrible que sufrimos los mexicanos: En Sudáfrica, un país con cincuenta millones de habitantes, se cometen cuarenta asesinatos diarios).

Las campañas de la oposición al status se repiten con promesas de “el cambio para mejorar”, “paz y tranquilidad para tu familia”, “todos merecemos un México mejor”… Quieren que olvidemos que con Calderón:

  1. México se recuperó con mayor rapidez de la crisis del 2008 que países desarrollados, incluyendo a EU.
  2. La producción total volvió a su nivel previo a la crisis, después de 12 trimestres, un año antes que en EU.
  3. La producción industrial sobrepasó su nivel anterior a la crisis al empezar 2011. La producción industrial de EU sigue 3.3% por debajo de su nivel de diciembre de 2007.
  4. La deuda de México se mantiene estable, en 27% del PIB. La de EU es del 98% y sigue creciendo.
  5. El comercio exterior se ha disparado en México. En 1980 representaba el 17% del PIB, hoy representa el 61%, y 80% de las exportaciones es de bienes manufacturados.
  6. México se ha vuelto creíble en los mercados financieros. Hoy puede emitir y vender bonos garantizados a 20 y 30 años, cuando en 1995 nadie le compraba nada a más de 27 días.

(Datos que aparecen en “Milenio” 29/05/12 en un artículo de Héctor Aguilar Camín, quien cita como fuente al presidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas, Richard Fisher):

Todo este acomodo virtuoso de las finanzas ha sucedido ante nuestros ojos y en nuestros bolsillos durante estos años. Pero no lo queremos ver y no lo vemos. (Fin de la cita)

Desde luego que este bloque opositor se compone precisamente de las personas que históricamente habían manejado el poder político en México para su propio beneficio y que no aceptan continuar fuera del poder federal y no participar de la bonanza. La intensa campaña para las elecciones del 1º de julio entonces se convierte en una guerra en la que todo se justifica y lo que importa es ganar el voto de las mayorías. Todo indica que lo van a ganar.

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