Enrique de la Mora y Guadalajara

Por Arq. Juan Palomar Verea

Enrique de la Mora (1907-1978), el célebre “Pelón”, fue un arquitecto tapatío que siempre guardó fuertes vínculos con su ciudad natal. Su carrera se encuentra entre las más destacadas del panorama arquitectónico mexicano del siglo XX. Sin embargo, han sido pocas las producciones editoriales dedicadas a su obra y figura. En nuestra ciudad dejó una serie de trabajos notables a los que hace falta reconocer y otorgarles la debida protección patrimonial.

Su padre, el ingeniero Manuel de la Mora, fue uno de los profesionales de la arquitectura y la construcción más señalados de finales del siglo XIX y principios del XX en Jalisco. A finales del primer decenio del siglo pasado decide cambiar, junto con toda su familia, su domicilio a la Ciudad de México.

Allá fue donde Enrique de la Mora realizó en la Academia de San Carlos sus estudios de arquitectura. Su carrera estuvo marcada por grandes logros, entre los que destacan sus colaboraciones con el famoso arquitecto, creador de revolucionarias estructuras de concreto, Félix Candela. Es indispensable mencionar un rasgo personal del “Pelón”: su legendario humor, que en más de una ocasión, gracias a sus socarronas observaciones, le costó la pérdida de importantes encargos. Con singular gracia, no exenta de gentil altivez, asumía los costos de sus ocurrencias y seguía adelante.

En Guadalajara es necesario resaltar las obras que —con mayor o menor grado de conservación en la actualidad— realizara De la Mora. Agustín Yáñez le encomendó la Escuela Normal de Jalisco, modelo de sobriedad y limpieza arquitectónica, la que habría que urgentemente restaurar con cuidado. También el entonces llamado Hospital Escuela, que duró decenios inconcluso, fue concebido por el arquitecto. La primera casa club del Country Club, por cierto su más notable sede, ahora demolida, fue otra de sus obras, en la que fue arquitecto residente Ignacio Díaz Morales. Una interesante casa habitación de su autoría ha sido ya derruida: la que se encontraba en la Avenida Vallarta esquina noreste con Miguel de Cervantes-Veracruz.


Un género en el que De la Mora destacó particularmente fue el de la arquitectura sacra. En Guadalajara dejó testimonio de ello con la iglesia de San Luis Gonzaga, situada sobre la Avenida Niños Héroes, esquina con Alemania y Bruselas. A pesar de haber sufrido múltiples alteraciones, este edificio se mantiene como una de las construcciones religiosas tapatías más interesantes del siglo XX. Otra notable muestra religiosa, mejor conservada, es la capilla del convento de las Madres Catequistas situado en Chapalita (atrás de Plaza del Ángel).

Refugio Peregrinos_San Juan de los Lagos 1

Refugio Peregrinos_San Juan de los Lagos 2

Su última contribución al acervo arquitectónico tapatío, en la que se observa una marcada evolución, propia de un espíritu alerta e inquieto hasta sus últimos años, es el edificio de Seguros Monterrey situado en el cruce de las avenidas Circunvalación Santa Eduviges y Arcos. El elegante juego estructural de sus muros-columna de concreto es un testimonio de la constante búsqueda estructural y expresiva que acompañó la carrera de Enrique de la Mora. Habría que recuperar su figura, en su ciudad natal, y preservar y difundir su obra.

Con motivo de su muerte fue publicada, en Guadalajara y en México, una esquela que tiene la siguiente leyenda: “Enrique de la Mora. En su vida estuvieron presentes las alas del genio y una alegría traviesa. Enseñó nuevas formas de construir la casa de Dios. Lo quieren, sus amigos”.

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