¿Quién era Luis Barragán? Conversación pública entre Diego Petersen y Juan Palomar

Escuela Superior de Arquitectura/ Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán

20 de agosto 2015

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Diego Petersen: Gracias, muy buenas noches. Yo lo que preguntaría a los de atrás es: ¿se oye bien? Bueno, perfecto. Una primera aclaración: yo vengo aquí nomas en plan de preguntón, el que sabe de Luis Barragán es Juan Palomar. Entonces lo que voy a tratar de hacer esta noche es exprimir a Juan, sacarle todo ese conocimiento que tiene sobre el arquitecto Luis Barragán, quien se convirtió en un verdadero hito de la arquitectura. Y qué mejor prueba que esta concurrencia para demostrarlo: hay gran interés sobre la vida y obra de este gran arquitecto tapatío y Juan es sin duda uno de los estudiosos, no sólo como arquitecto seguidor de la línea de Luis Barragán,  y alumno de la Escuela de Arquitectura Tapatía, sino también como alguien que ha estudiado y escrito profundamente sobre Luis Barragán. Entonces vamos a tratar de sacarle a Juan ese conocimiento. Juan, buenas noches, ojalá sea una larga y productiva charla.

Juan Palomar: Buenas noches, Diego, buenas noches a todos. Espero que así sea. Quiero empezar por agradecer a la Escuela Superior de Arquitectura por tener el gusto de ver a Alejandro Ramírez Ugarte, su presidente, por tener el gusto de estar con todos ustedes en esta exposición y esta plática que Arabella González Huezo como presidenta de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, y al mismo tiempo como maestra en esta escuela, ha organizado. Creo que es un gusto porque Luis Barragán al final -y también al principio- es, creo, un personaje que nos entregó una obra que está llena de alegría, llena de gusto, llena de esperanza, que es algo que en el México que ahora vivimos nos urge. Hay un libro que Martín Casillas y Catalina Corcuera -aquí presente y directora de la Casa Museo Luis Barragán- me regalaron. Es de un escritor suizo llamado Alain de Botton, quien escribe en inglés. El libro se llama Cómo Proust puede cambiar tu vida. Marcel Proust,  este inmenso escritor francés, dueño de una obra vastísima, muy rica, muy inteligente e increíblemente sutil, es a veces visto como un escritor difícil, como un escritor de estudiosos. Y sin embargo, de Botton tiene la inteligencia de demostrar que una lectura adecuada de Marcel Proust le puede cambiar la vida a la gente. La cambia en serio, la hace pensar otras, cosas, imaginar otras posibilidades, iniciar otras empresas. Y es exactamente lo que pasa con Luis Barragán quien nunca puede ser un punto de llegada, siempre tiene que ser un punto de partida. Porque la adoración tonta o fetichista de un artista no conduce más que a la anulación de su obra.

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Charla: ¿Quién era Luis Barragán? Juan Palomar conversa con Diego Petersen. Escuela Superior de Arquitectura, Jueves 20 de Agosto. Fuente: Arthur Zerpa Photo.

DP: Bueno vamos a empezar con el Luis Barragán estudiante. Al final veremos más la parte personal. Pero por el Luis Barragán estudiante, que cursó lo que en aquellos tiempos se estudiaba en la Escuela Libre de Ingenieros, en donde eventualmente otorgaban también el título de arquitecto. Sin embargo Barragán no termina el trámite correspondiente, no le dan el título, aunque hace los créditos de arquitectura. La pregunta es si los arquitectos de esa generación tenían una visión distinta, o una ventaja sobre los arquitectos actuales, y cómo influyó esta formación de Luis Barragán de aquel entonces.

JP: Es una creencia que algunos sostenemos que la mejor arquitectura de la Guadalajara del último siglo la han hecho los ingenieros. Pero, yendo un poco más para atrás, lo que siempre hubo fue arquitectos. El siglo XIX, por toda una serie de cuestiones ideológicas y por una serie de planteamientos sociales, inventó la ingeniería, inventó a los ingenieros y particularmente a los ingenieros civiles. En ese momento hubo una bifurcación entre la gente que construía y la gente que proyectaba. En Guadalajara, toda la vida, las señoras de hace cincuenta años decían “necesito que me hagan el plano de mi casa, le voy a hablar a un ingeniero.”  Entonces, cuando Luis Barragán toma la  decisión de estudiar ingeniería -sabedor de que lo que le gustaba y lo que entendía más era la arquitectura-  se inscribe en el único lugar en el que podía tener una formación más o menos similar y que era  la Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara. Allí, bajo una concepción un tanto fantasiosa, por tomar dos o tres materias más y hacer una tesis de arquitectura se daba también el título de arquitecto, al que Barragán nunca accedió por razones diversas. Pero básicamente esa orientación de ingeniería hacía que la profesión de los que construían tuviera mucha mayor lógica, mucha mayor economía, mucho sentido común.  Pero ellos no sólo eran ingenieros, eran arquitectos en realidad….

DP: Estamos hablando de Pedro Castellanos, Ignacio Díaz Morales…

JP: De todo ese grupo de ingenieros los únicos que sacaron el título de arquitecto fueron Pedro Castellanos, Rafael Urzúa e Ignacio Díaz Morales. Pero aun así Diaz Morales se ostentó más de la mitad de su carrera como ingeniero.

DP: Hasta aquel famoso viaje a México donde voltea y les dice a sus colegas, alumnos y compañeros de despacho, que a partir de ahora deberían decirle “arquitecto”.

JP: Que fue un acto muy fuerte y muy simbólico, porque cuando iban en coche rumbo a México a fines de los años cuarenta los cuatro chamberos ingenieros con su maestro, de repente, precisamente en el bosque de Bosenchén, se paran a hacer pipi, y allí Díaz Morales les dice a sus muchachos: “Desde hoy ya no soy el ingeniero Díaz Morales, soy el arquitecto Díaz Morales.” Yo me imagino el desconcierto de sus hijitos, de sus discípulos, a la hora que ven como el “padre” en cierta manera los abandona, cambia súbitamente de barco…

DP: Pero finalmente esa generación de ingenieros-arquitectos  tiene esta formación más técnica. Pero también hay un episodio en la vida de Barragán, que en parte porque no termina los créditos arquitectónicos y no logra graduarse, cuando está en París y conoce a Ferdinand Bac, primero en la exposición de Artes Decorativas y luego personalmente, y se trae estos famosos libros que comparte con Urzúa y Díaz Morales  que son Jardines encantados y Les Colombières. ¿Cómo influye esta parte, digamos cual es la formación o ese inicio de todos ellos a partir de este encuentro?

JP: Quisiera acentuar algo acerca de la formación de Barragán, Castellanos  Díaz Morales y compañía. A pesar, o porque precisamente eran realmente ingenieros, tenían una sólida formación humanista, tenían un gran maestro que era Agustín Basave: el gran maestro que reconoce Barragán. Agustín Basave era arquitecto y era maestro de todos ellos y era un hombre de una muy vasta cultura, un hombre interesado en todas las artes. Y él es el que les transmite esa pasión, no solamente por la parte de su profesión y su oficio, sino por la cultura y el arte en general. Ese componente, que además compartieron mucho los ingenieros de los años cincuenta, es esencial para entender la mejor arquitectura de Guadalajara.

DP: Entonces había, aparte de la formación técnica, una formación humanista y un interés amplio en las artes…

JP: Es que esa formación estaba integrada: no había el tronco técnico y el tronco humanista, era una sola cosa. Y eso era lo maravilloso de la Escuela Libre de Ingenieros: que producía gente ilustrada, gente capaz de hacerse cargo de su futuro y el de su ciudad en términos amplios.

DP: También tenía que ver una formación de la época. Los médicos eran también más ilustrados en aquella época que en la actual. No eran tan obsesivos con el tema médico y poseían también una formación humanista que produjo esta explosión de talentos – pero la mayoría de ellos fueron grandes técnicos economistas o filósofos-. Esa formación de Agustín  Basave influye mucho en Barragán y compañía, y luego viene el viaje que hace a  Francia…

JP: Luego viene el Grand tour, como se le conoce, ese gran viaje que los estudiantes ingleses de ciertas posibilidades hacían por Europa cuando acababan sus estudios e iban a varios países para empaparse de la cultura de todas las épocas. Y eso fue lo que le regalaron sus papás a Luis Barragán cuando acabó la escuela. Llega a París en 1925 y coincide con la famosísima  exposición de Artes Decorativas, de donde viene el término Art-déco. Esa es la exposición  donde se genera o cristaliza toda esta corriente estética, que también tenía lados más profundos que lo meramente aparente, que tenía una serie de códigos arraigados en la historia, etcétera. A Luis Barragán no le gustó el conjunto de lo expuesto: le chocó ese geometrismo un poco amanerado que es el signo del Decó. A mí me parece muy simpático, con la perspectiva del tiempo; pero a él, en su momento, no le gustó. Decía que no le había interesado nada de la exposición… más que dos libros que se encontró en un puesto de una librería de la zona de la feria. Esos dos libros estaban escritos por un personaje clave, ahora curiosamente muy importante para la cultura mexicana y casi totalmente  desconocido en Francia, que se llamaba Ferdinand Bac. Era un señor de origen alemán, nieto por mano izquierda de Jerónimo Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte. Ferdinand Bac, de nacimiento alemán, pero de formación e intelectualidad francesa, era un personaje muy “fin de siglo” parisino. Escribía, dibujaba cosas satíricas, cosas medio arriesgadas para la época, era un dandy absoluto, le daba por hacer arquitecturas y jardines era un poco…

DP: Un paisajista…

JP: Pero más que eso, escribía maravillosamente, hacía arquitectura, hacía jardines, tenía una parte de diplomático -estuvo presente en los Tratados de Versalles donde se firmó la paz europea después de la primera guerra. Este personaje, tan complejo e interesante, se convertiría en el otro gran maestro de vida de Luis Barragán: alguien al que le bebió los alientos. A partir de que consiguió esos libros y de que le gustaron tanto Jardins Enchantés y Les Colombières, compró doce ejemplares de cada uno y los trajo a México y se los regaló a sus amigos más cercanos. Como cuando encuentras algo maravilloso y le dices a tus gentes más cercanas: “tienes que ver esto”. No conoció a Ferdinand Bac en ese viaje; lo conoció y lo trató una sola vez en 1931, en Compiégne, cerca de París, un solo día. Pero, entre un viaje y otro (el de 1925 y el de 1931), Luis Barragán lo que encuentra en estos libros, aparte del texto que es muy importante, es toda una corriente arquitectónica -que no era una simple moda- que estaba enraizada en toda la gran tradición mediterránea, en toda la cultura griega, romana, ibérica, magrebí. Toda esa huella estaba plasmada en esa arquitectura que Bac proponía y que a Barragán le maravilló. Y encontró que todo eso es lo mismo que tenemos nosotros, decantado por nuestras propias tradiciones y medio natural…

DP: Había una influencia andaluza en Guadalajara, en la casa típica tapatía, que de alguna manera se ve reforzada por estos diseños, sobre todo de jardines de Ferdinand Bac: en  las rejas reproducidas textualmente, en ventanas, arcos, remates…

JP: Pero en el caso Barragán -quizás en otros es distinto- lo que él estaba haciendo era entender todo un legado cultural muy hondo. Y de pasada se apoyaba en ciertas formas, ciertos espacios. Pero lo importante fue el reconocimiento. Barragán se dijo: todo esto es como las casas de San Pedro  Tlaquepaque, es como nuestros patios llenos de macetas, nuestras pérgolas… hay toda una influencia somática, genética, que viene de las mismas raíces. Es como reconocerte en un espejo en la distancia y decir: eso también somos nosotros.

DP: Voy a hacer un pequeño paréntesis de algo que mencionaste ahorita, dices que todo esto, de alguna manera, Barragán lo asume más profundamente.

JP: Absolutamente.

DP: Digamos: esa es la gran diferencia entre Luis Barragán y los otros arquitectos de su generación.

JP: Es una de ellas. Porque Pedro Castellanos, enorme arquitecto, una gente maravillosa, un  virtuoso del dibujo, de la composición arquitectónica, era más juguetón, era distinto: era mucho más alegre, dicharachero, y su arquitectura te dice quizá lo mismo, pero bajo otra manera de leerlo. Como cada quien aquí que leamos esos libros famosos los leeremos de diferente manera. En Luis Barragán esa lectura caló, caló muy hondo: porque leyendo lo que dice Bac en el texto, y no sólo en los dibujos, encontramos frases textuales que son las que Luis Barragán repetía a lo largo de los años. Frases hondas que tenían calado, sangre: eso es más interesante. Porque un repertorio formal puede ser interesante, está bien, pero se puede quedar en la epidermis…

DP: Ahora, en esas primeras casas de Luis Barragán, que son las que tenemos en Guadalajara y  que están protegidas -el Parque de la Revolución que tú estás rehabilitando ahora- toda esa primera etapa de la obra de Luis Barragán está influenciada por esta corriente y también por esta búsqueda de reinterpretar lo propio…

JP: Creo que está muy bien dicho. Esas dos cosas fueron generando poco a poco el germen de una obra más personal. Sin embargo si tú vas ahora a la casa Gonzalez Luna (casa Iteso-Clavijero), y si te fijas en la escalera, hay unos huecos largos en el muro. Esa casa es de 1927, y esa casa contiene y anticipa el gesto formal que está en las famosas hendiduras de la casa Egerstrom, que es de sus últimas obras. El juego de luces, el juego de colores, la alternancia en espacios más comprimidos y más vastos, todos esos elementos personales Barragán los empieza a manejar muy rápido. Bac fue para él una especie de pretexto para empezar a encontrar su propia voz.

DP:   Luego viene una etapa en donde Luis Barragán  se va a México. ¿Le quedó chica Guadalajara? ¿O fue una búsqueda, una necesidad de encontrar espacios más interesantes?

JP: Esto es meramente una suposición, ya que Luis Barragán, en las veces que platique con él, no hizo mención alguna de estos temas. Era muy cuidadoso con lo que decía. Pero yo tengo la impresión que en la Guadalajara de los primeros años treinta, recién pasada la Cristiada, y con todo el resquemor social a flor de piel, se generó una cierta esterilidad intelectual y artística. Se hizo más difícil plantear cosas nuevas: a lo mejor por nada en particular, a lo mejor por un ambiente un poco sofocado. No nos olvidemos que en 1938 a Chucho Reyes Ferreira su gran amigo, homosexual abiertamente desde siempre, lo acusó el papá de uno de sus amigos con la policía de haberlo “incitado al mal”. Y le propinaron una golpiza feroz, lo enchapopotaron, lo emplumaron  y le rompieron los dos brazos. Entonces Chucho se fue para siempre a la capital. Barragán se fue a México antes, en 1936. No digo que sean las mismas causas, ciertamente fueron otras razones, como la pérdida gracias al agrarismo de la fortuna familiar. Lo que estoy diciendo es que había un cierto ambiente sofocante: y por otro lado México es México. Hay, en muchos sentidos, más campo para hacer muchas cosas.

DP: Ya empezaba a actuar toda esta generación, y la ciudad de México estaba en efervescencia. Hay una etapa de la obra de Barragán, la menos conocida, la etapa funcionalista. Vemos muchas fotografías de las casas de Guadalajara, muchas fotografías de la etapa final. Barragán se hace muy famoso cuando le dan el premio Pritzker en 1980. Pero hay una etapa funcionalista donde conoce a Le Corbusier y luego a O´Gorman, otro arquitecto funcionalista importante, cuando hace las casas  de Frida Kahlo y Diego Rivera. ¿Por qué se habla tan poco de esa etapa y obra de Luis  Barragán?

JP: Yo creo que son lecturas, creo que hay otra vertiente de la muy compleja personalidad de Luis Barragán que tiene que ver su relación con el mundo y con las voces y las presencias de la arquitectura  de su tiempo. Luis Barragán siempre estuvo muy al pendiente y muy enterado, sabía quién era quién, veía obras. Y él buscó y se entrevistó con Le Corbusier en 1931, y después de conversar con él, le pidió que le diera unas cartas y le hiciera unos croquis para llegar a ver algunas de  sus obras. Esos documentos están en el archivo que está en México en la Casa Luis Barragán. Están no me acuerdo si dos o tres cartas de la mano de Le Corbusier que dicen: “Por favor dejen entrar al arquitecto mexicano Luis Barragán  a ver mi obra”: a la Villa Savoye que en ese entonces estaba casi nueva, por ejemplo. Pero también está  la influencia de Gropius, de Loos, de Kiessler, de Schindler, de otros arquitectos muy poco conocidos aquí como Mallet-Stevens o Irving Gill. Lo que veía lo aprovechaba. Querer achacarle exclusivamente las influencias de Bac y luego de Le Corbusier es un reduccionismo un poco miope.

DP: Puede ser un poco reduccionista, pero lo que me intriga es ¿por qué se habla tan poco de esa etapa?

JP: Porque Luis Barragán hablaba poco de esta etapa. No olvidemos esa razón por la que Luis se fue a México: se acabó su hacienda, el agrarismo la mató. Mató su ingreso, se acabó su capital después de que su familia solía tener muy buen dinero. Luis decide entonces irse a México a hacer fortuna. Inicia una serie de trabajos “especulativos”, como él decía, siguiendo los códigos funcionalistas en boga para la arquitectura “comercial”. Sin embargo, un gran pintor puede empezar haciendo pinturas que se parecen a un Velázquez (ver a De Kooning) y al rato terminan en una cosa totalmente distinta. Los genios tienen esa capacidad, y Luis Barragán era un genio.

DP: Pero además había en ese momento entre la pintura y arquitectura todo ese cruce modernista en el cual él participa de alguna manera. Tenía una relación con los dos  O´Gorman tanto con el historiador como con el arquitecto, con Orozco, con Rivera, en fin, hay un impulso  modernista…

JP: Sí, hay un impulso modernista, pero siempre hay una conciencia en el Luis Barragán de esa etapa de que lo que estaba haciendo era dinero, punto. Él tenía muy claro que lo que quería hacer realmente estaba después: y era vivir como quería vivir. Porque vivía una vida absolutamente de príncipe, y no porque era lujosa…

DP: Era como monástica incluso sus espacios revelan un despojamiento muy acentuado.

JP: Porque era muy refinado. Más aún, era el esteta absoluto. Todo tenía que estar como le gustaba y eso implicaba ciertas condiciones. Pero a lo que él iba, es que en 1940 acaba esa etapa con toda conciencia. Entonces escribe un carta que debió decir algo así: “Estimados clientes, conocidos y amigos: a partir de hoy ya no soy el ingeniero Luis Barragán que les construye casas y edificios a domicilio. A partir de hoy voy a trabajar para mis empresas privadas. Muchas gracias por todas su atenciones, y ahí se ven.” Ese quiebre neto y claro marca el inicio de la etapa de madurez de su producción, en la que hace exactamente lo que le gusta. Ese es quizá la operación maestra en la carrera de Barragán, la que le dará la libertad de construir su obra sin concesiones de ninguna especie.

Imagen 2 Departamentos, estudios para artistas

Edificio de departamentos para Lorenzo Garza (1939) y Edificio de estudios para artistas, Luis Barragán y Max Cetto (1941).

DP: ¿Cuál es la primera obra de Luis Barragán después de eso?

JP: Un jardín que hace cuando compra un terreno pegado al  Pedregal y que se llamaba El Cabrío. Ese jardín era arquitectura. Hacer jardín es arquitectura, es exactamente lo mismo, nomás los elementos constructivos son plantas, árboles y otro tipo de cosas. Luego compra casi una  manzana entera en Tacubaya, donde ahora está la Casa Museo Luis Barragán y se pone a hacer más jardines…

DP: Antes de su casa.

JP: Antes de su casa. El Cabrío es de 1940, como su primera casa en esa manzana de Tacubaya. Y luego, al poco andar, en 1945, descubre,  dice el mito que acompañado por Diego Rivera -no  lo sabemos  a ciencia cierta- su proyecto de El Pedregal. Acompañado por Chucho Reyes y el Doctor Atl -eso sí es clarísimo por los testimonios que existen- ahonda en su descubrimiento y  sobre todo en la formulación de lo que podría ser el Pedregal de San Ángel, que es -y casi nunca ha sido leído así- una utopía absoluta, una utopía de la belleza, de alguien que se imaginó que en medio de ese llano encrespado de lava, de alacranes y de víboras, hubiera  la posibilidad de que la gente habitara, hiciera su casa. Mucha gente dijo: “Es una locura, aquí no puede vivir nadie”.

DP: Además era muy lejos, en aquel entonces.

JP: Estaba lejos, afuera de la ciudad de México. Pero convence a sus amigos los Bustamante, que eran gentes de negocios muy poderosas, y compran, Luis Barragán con  su capital y los Bustamante con el de ellos, no me acuerdo si eran dos o cuatro millones de metros cuadrados. Había una cifra así, porque el maestro Díaz Morales platicaba que de repente recibió un telefonazo de Luis Barragán diciendo: “Nacho acabo de hacer la locura más grande de mi vida”. “¿Pues qué hiciste Luis?”, le preguntó Díaz Morales. “Compré dos millones de metros cuadrados de lava”, fue la respuesta. Entonces hace el Pedregal, empresa que le costó muchísimo trabajo y de la que después tiene que retirarse.

DP: Él hace la urbanización

JP: Él hace todo el proyecto de la urbanización, plazas, jardines, ingresos, fuentes…

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Imagen izquierda, Luis Barragán y Gerardo Murillo (Dr. Atl) fotografiados en la tierra por convertirse en los Jardines del Pedregal en la década de 1940. Imagen derecha, Luis Barragán en el acceso a Jardines del Pedregal con El Animal, de Mathias Goeritz (1951) Foto: Eliot Elisofon via LIFE.

 

DP: ¿Qué otros fraccionamiento hace Barragán como urbanista?

JP: Hizo Las Arboledas y un chipotito que se llama Los Clubes. Hizo Jardines del Bosque, en Guadalajara por supuesto, hizo varios proyectos. Algunos por Tepozotlán, hizo Lomas Verdes con Juan Sordo Madaleno en México, del que algo quedó. De haberse terminado sería una obra maestra.

DP: La primera sección.

JP: Sí, parte de ella…

DP: Porque era la segunda y tercera…

JP: Lomas verdes  era un negocio interesante porque era un negocio del Vaticano, era dinero de la Santa Sede que se iba a invertir en México para tener más rendimiento para  las obras pías. Y Luis Barragán hace un proyecto maravilloso. Para el que diga que Luis Barragán solo hizo cosas chiquitas, que se ponga a estudiar. Porque Lomas Verdes era una larga enfilada de edificios de veinte pisos encima de un cerro, con una serie de plazas maravillosas. Pero no se dieron las condiciones para realizarlo. No sé qué pasaría.

DP: O cambiaron de papa. Pero se habla poco del Luis Barragán urbanista. Aquí en Guadalajara se habla mucho de sus obras y muy poco de Jardines del Bosque, del Pedregal. Y la foto de Luis Barragán que es quizá la más famosa es donde está observando El Pedregal. Pero de esas otras obras de urbanismo se habla poco. ¿Cómo era como urbanista? ¿Qué concepción tenía del urbanismo, qué aportó?

JP: Lo que Luis  aportaba, más allá de la palabra urbanista o arquitecto o desarrollador, era una búsqueda implacable de la belleza. Eso es lo que le importaba y todo lo demás era secundario. Si lo podía hacer siendo  desarrollador estaba bien, pero lo que a él le interesaba era seguir el dictado de su búsqueda de la belleza. Eso era lo que le importaba: si descubría que a través de hacer un negocio con Bustamante, y una casas y un fraccionamiento muy grande entre la lava,  y allí lograba de repente hacer un clarito de jardín y poner unos pirules y una escalera que sube no se sabe a dónde, y un muro y una fuente al fondo, eso, que hacía que la gente que iba llorara, llorara como llora la gente que va a la casa Luis Barragán ahora, eso es lo que el arquitecto buscaba. Llora literalmente, no toda -sería muy penoso. O llora la gente que va a la capilla de las Capuchinas: una porción importante  de la gente que va, llora. Y qué es el llanto es la manifestación profunda de que algo te tocó el alma.

DP: A la tercera etapa de la obra de Barragán se le llama arquitectura  emocional…

JP: Mathias Goeritz, quien se fue a México a buscar a Barragán, y a su sombra y gracias a su mecenazgo tuvo sus primeras chambas, estuvo muy atento de las pláticas de Luis con él. Luis le decía: “Mathias todo lo que hagas no sirve si no provocas una emoción”. Y Mathias decía: “Ah, arquitectura emocional”. Y la idea de la que luego Mathias habla -porque Luis escribía muy pocas cosas y Mathias si escribía- se convierte en el concepto de “arquitectura emocional.” Pero era algo que había aprendido de su maestro Luis Barragán —a Luis Barragán  no le interesaba conceptualizar era, según él, profundamente intuitivo. Hay una síntesis que parte del hecho que mencionaba hace rato: las intuiciones, el vuelo, la posibilidad de hacer exactamente lo que quería. Cero concesiones. Si un muro le quedaba mal lo tumbaba, y si volvía a quedar mal, lo volvía a tumbar. Así se puede hacer una obra sopesada, meditaba, bien calibrada, que te dé lo que andas buscando. Luis Barragán es una excepción absoluta: ¿quién puede hacer eso ahora?

DP: Necesitas un buen cliente, para empezar.

JP: Lo que hace de la obra madurez algo tan profundo es que ya hay en ella una síntesis muy poderosa de todo lo que viene desde Guadalajara, de la hacienda paterna de Corrales, de Mazamitla… Luis Barragán nació en la calle Pedro Loza 168, a tres cuadras de Catedral. Su casa después la vendieron y quien la compró la transformó totalmente por dentro. Dando a la calle hay una cantina muy simpática que se llama El Tarro, y en donde hay una penumbra que seguramente le gustaría a Luis. Estaría bueno que alguien pidiera al Ayuntamiento que mandara a hacer una placa, como se usa en lugares civilizados, chiquita y de buen gusto, que señalara que en esa casa y esa calle nació el más importante arquitecto mexicano de todos los tiempos…

DP: Como la que está a dos cuadras de María Félix…

JP: Ándale. Que dijera aquí nació Luis Barragán, orgullo de México y obviamente de Guadalajara y Jalisco

DP: Orgullo de todo México.

JP: De todo México.

DP: Pero esta gran síntesis que hace Barragán, que incluye Guadalajara, Corrales, etcétera,  incluye su etapa funcionalista. Bac está menos visible en esta última etapa, quizá más procesado. Pero luego de repente hay esa explosión en la que empieza a usar el color de una manera que nadie lo había utilizado en México.

JP: Sí, todos estos elementos  que mencionaste son parte de esta etapa de madurez. Pero lo fundamental es la expresión espacial. El color en el caso de Barragán logra ser una parte indivisible del edificio; no es ambientación, no es decoración, sino es un ánimo digamos de encontrar la tonalidad que tenga que ver con todo lo demás que dice el espacio. O que lo contradice o contrapuntea: esa es la manera en la que Luis Barragán hace esa síntesis, Ferdinand Bac está más presente, más estilizado y está…

DP: Más presente como idea y menos como forma.

JP: No, más presente como obra, pero como obra profunda. Igual estaba Le Corbusier e igual estaba todo lo que veía. Hay arquitectos  que no creerías que tienen influencia en Luis Barragán: ¿qué tiene que ver Richard Neutra con Luis Barragán? Y es importantísimo. ¿Qué tiene que ver Mies Van Der Rohe con Luis Barragán? Muchísimo. ¿Qué tiene que ver con la arquitectura japonesa? Otro tanto. Lo que pasa es que Barragán era una máquina de hacer síntesis, de digerir y luego generar cosas con la certeza que, repito, solo da el genio.

DP: Es en esta etapa donde está muy presente el agua. Prácticamente en todas sus obras finales el agua es fundamental. Curiosamente en las funcionalistas no.

JP: El agua siempre estuvo en el corazón de la obra de Luis Barragán. Quizá los clientes que le encargaban edificios de cuatro pisos en la colonia Cuauhtémoc, para rentar apartamentos a familias de clase media, no le aceptaban que les pusiera una pila a la entrada, o quizás no cabía ese recurso. Pero siempre que pudo, en todas sus obras, había agua. Y este uso del agua tiene que ver con el hecho de que cuando Barragán termina su carrera en la Escuela Libre de Ingenieros escoge hacer énfasis en las obras hidráulicas. ¿Por qué? Porque en la hacienda de Corrales necesitaban hacer presas, bordos, acueductos…

DP: Nada más para ubicarnos: Corrales está por Mazamitla y Concepción de Buenos Aires, esa zona que es boscosa…

JP: Corrales estaba en un estrato más bajo que Mazamitla, en donde el paisaje no es tanto boscoso como de lomerío propicio a la ganadería. Barragán no jugaba con el agua de manera insulsa o decorativa, no se trataba de poner un chorrito con su ruidito. Él tenía muy claro en sus intenciones el hecho central de que en el agua se basa la vida del planeta.  Pero se trataba también de la vida de la siembra que le daba de comer a él y a su familia. Y sabía muy bien si la válvula y la compuerta funcionaban y cómo…y sus fuentes de la Ciudad de México son fuentes en serio, y él sabía cómo se hacían. No le encargaba al fontanero que ahí se hiciera bolas; había en Barragán un conocimiento ingenieril, hidráulico. Era hombre de campo y hombre práctico. Por eso resulta muy chocante hablar primero del Barragán colorista, luego del acuático y después el Barragán no sé qué… Él es como todas las personas que logran hacer una síntesis personal a lo largo de su vida, hasta que encuentran su propia voz. En la literatura es muy frecuente ver eso. Un escritor puede estar treinta años buscando como decir lo que quiere y, de repente, encuentra su propia voz y hace entonces su obra con más plenitud…

DP: Barragán toma su voz digamos a partir de esa carta en la que dice, me voy a dedicar a mis proyectos, exclusivamente…

JP: Más que tomar su voz lo que hizo fue hacer lo que le iba dictando esa síntesis vital y artística que fue construyendo. Porque yo creo que desde la obra de Guadalajara, desde la más sencilla que  podamos ir a ver en este momento, encuentras que ya hay un absoluto dominio del espacio y de la expresión. Vamos a ver la casa de Clemente Orozco que hizo en 1935 antes de irse a México, por López Cotilla cuadra y media antes de llegar al Parque de la Revolución a mano izquierda. Una casa blanca con un rectángulo que da al vacío, una ventana al cielo, una composición que ya es del Barragán más austero, más refinado, más contenido. Esos mitos de que primero tal cosa, de que después tal otra… a lo mejor puede sonar obsesivo pero llega uno a ciertas conclusiones. Es un lugar común decir que en la arquitectura no hay Mozarts, que siempre la gran arquitectura es fruto de una dura labor de décadas, y que ya después se logra edificar algo perdurable.  Yo propongo dos excepciones: Luis Barragán, quien evidentemente  era un Mozart. Y la otra, que me da gusto mencionar, porque es una gente muy querida y muy importante: Alejandro Zohn, quien a los 26 años hizo el mercado San Juan De Dios, y además, muy significativamente, lo hizo como su tesis de ingeniero. ¿Quién le mata ésa?

DP: Alguien comento en la página del “evento” que hoy nos congrega, que estábamos convirtiendo con este tipo de actos a Barragán en la Frida Kahlo de la arquitectura…

JP: Me parece una  observación muy interesante, porque sí es esencial ver con cuidado este caso. Ver la obra de Luis Barragán sin los anteojos de la estupidez y la tontería y del lugar común y la borregada, y distanciarnos de cosas tan verdaderamente elementales como pensar  que Ricardo Legorreta, por ejemplo, quien también era un arquitecto muy querido, hacía arquitectura como Barragán. O que un muro llorón con una gargolita que echa un chorrito tiene que ver con Barragán….

DP: Cualquier muro rosa es Barragán.

JP: Ese “efecto Kahlo” de abaratar, adocenar, llevarse a Hollywood a vender el mexican curious, es detestable, hay que evitarlo a toda costa. Porque Barragán es un artículo de primera necesidad: no podemos mediatizarlo, no podemos mitificarlo tontamente. Tenemos que concebirlo como el hombre que fue, con sus contradicciones y sus excepciones,  sus grandezas y limitaciones. Alguien que al final deja algo: ¿qué arquitectura conocen ustedes que les cambie la vida? Alguien puede decir que Notre Dame de París, alguien que las pirámides de Egipto, otro puede decir que Monte Albán. ¿Pero a ver, qué arquitectura te cambia la vida?

DP: Ahora que dijiste de no mitificar a Luis Barragán, hay un tema muy polémico, que es la relación con Mathias y las Torres de Satélite y que se retoma ahora en las revistas de Artes de México. ¿Cuál es la versión de Luis Barragán sobre el tema, tú la conociste?

JP: Me tocó platicar varias veces con Luis Barragán del tema, y me tocó saber de primera  mano cómo había sido el transcurso  de Mathias Goeritz en México. Mathias Goeritz era un hombre muy hábil, alguien  muy adaptable. La primera persona que conoció en México fue a Luis Barragán, por recomendación de Díaz Morales, quien lo trajo a México. Entonces Mathias Goeritz, que tenía instintos muy certeros, concluye rápidamente que Barragán era una figura clave en la arquitectura de México. Luego Mathias se viene a Guadalajara y aquí hace todo su importantísimo trabajo en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Seguramente en la pedagogía arquitectónica ha sido una de las principales figuras a nivel nacional con lo que hizo. Aquí empieza a descubrir que era escultor, antes era solamente pintor. Al rato se va a México, y cuando llega se va con Luis y le dice “¿Oye Luis, pues dame una chamba o qué?” Y Luis lo lleva al convento de Las Capuchinas, en donde, si se acuerdan, había una como quilla y al fondo un vitral que ya Luis Barragán había mandado hacer con herrería estructural y con vidrio pintado de amarillo. “Túmbate eso y a ver que te inventas, pero que sea amarillo” Esa fue la primera chamba.

DP:” Me haces un vitral amarillo por favor.”

JP: Si, esa fue la primera chamba. En Jardines del Bosque ¿quién crees que le encargo el Pájaro a Mathias Goeritz? Luis Barragán.

DP: Era la entrada al fraccionamiento.

JP: Luis Barragán hace el retablo de Las Capuchinas que luego se lo quieren achacar a Goeritz. Y tan es de Luis Barragán que Andrés Casillas cuenta, textualmente, como él tuvo en sus manos el altero de dibujos de la mano de Luis, en donde estaban todos los ensayos del retablo: unos horribles, otros espantosos. Porque ese era el método de Luis: “Oye Luis, ya no se me ocurre nada, puras cosas feas.” “Pues entonces dibuja cosas feas, porque a lo mejor de allí sale algo mejor.” Un altero así de papeles, de un retablo y otro y otro, hasta que, al final, encontró ese retablo, el que buscaba. Y ese retablo, Luis lo mandó dorar.  Mathias Goeritz dijo “No pues están muy bien los retablos.” Y mandó hacer unas decenas e hizo una exposición: “Los dorados de Goeritz”. Y Luis Barragán era tan señor, que fue y le compró tres. Ese era Luis Barragán. En el caso de las Torres de Satélite, Mario Pani, encargado de la urbanización general de Ciudad Satélite por su propietario, Miguel Alemán, le habla a Luis: “Oye Luis, pues imagínate algo, invéntate algo para la entrada del fraccionamiento; necesitamos algo que llame la atención y que enfatice que aquí está Ciudad Satélite, y que está muy bien.” Y Luis acepta. Él siempre trabajaba con Chucho Reyes, era su amigo con el que se iba a tomar el tequila y con el que platicaba de todos los temas. En fin, Luis invita a Mathias al equipo y entres los tres se genera esa química indisoluble que luego da la solución de las torres. Si a alguien le ha tocado participar en un proyecto a cuatro o seis manos sabrá que al rato dices: “¿A quién se le ocurrió el partido así, o que esto iba de esta manera?” Pues el proyecto es de todos, y así fue, como total, que sacaron las Torres de Satélite. Y fue cuando….

DP: Mathias platicaba que él se había inspirado en San Gimignano. Por otro lado, dicen que Chucho Reyes estaba pintando una fotografía de Nueva York y empezó a meter colores con acuarela a las torres, pero hay un montón de mitos alrededor…

JP: Mira, hay mitos y hay realidad. Mathias platicaba muchas cosas, pero la chamba era de Luis Barragán. A él le daban la lana, era el responsable, y Luis Barragán no iba a entregar una cosa de la que no estuviera convencido. Segundo: la paternidad era, de común acuerdo, mutua. Pero de repente Mathias empieza a publicar y publicar las torres. Y en la primera dice “Luis Barragán y Mathias Goeritz”, la  segunda publicación dice “Mathias Goeritz y Luis Barragán”, la tercera “Mathias Goeritz”, con Luis Barragán como “constructor”. Cuarta publicación: nomás “Mathias Goeritz”. Entonces Barragán, por única vez en su vida, en público se pone furioso. Hace un memorándum así de grueso, con una máquina de escribir con una letrota como de imprenta, de unas veinte hojas (por ahí está en el archivo de la Casa Barragán). Y lo reparte a todo mundo diciendo que el señor Goeritz estaba diciendo mentiras y que allí estaban las pruebas: una, dos, tres, cuatro… Escándalo en México -por cierto era 1968 con Goeritz haciendo la Ruta de la Amistad y ya muy famoso. Dura aclaración a cargo de Luis Barragán a Mathias Goeritz. Éste no dijo nada más, se escurrió como pudo, y quedaron enojados.

DP: Bueno para terminar porque hay un evento aquí mismo, ¿verdad?

JP: Tienes hambre.

DP: Pero ya hace hambre.  A ver: ¿si tuvieras tú que definir a Luis Barragán, que palabra es la que te viene a la mente?

JP: La primera palabra que me viene a la mente es poeta. Ignacio Díaz Morales siempre nos decía en la escuela: Sé poeta y haz lo que quieras. Luis era para mí una figura familiar que por ahí andaba… Fue un gran privilegio conocerlo, y sí, era muy impresionante tratarlo. Era la gente más sencilla y natural que pudieras imaginar. Pero era un muy alto poeta…

DP: Pero refinado decías…

JP: Refinadísimo. Pero era tan refinado que no se notaba. Una vez me dijo mi papá: “¿Sabes quién es el que de verdad sabe vestirse bien? El que no se le nota; nunca el que ves y dices `ah, qué pachuco anda éste’…”

DP: Ése no

JP: Y Luis Barragán así era. Podía tener una servilleta, bonita y normal. Pero luego te dabas cuenta que era una servilleta de Santa María del Mar en Oaxaca, de un tamaño especial que él había mandado hacer. O la cerámica, o el empastado del libro, o una pieza para el jardín. Todo era consistente en su belleza y calidad. Decía mi abuelo Juan Palomar que Luis Barragán era tan gran señor que vivió igual de bien cuando era pobre que cuando era rico…

DP: Siempre refinado.

JP: Siempre, sin concesiones. Su persona, su arquitectura, todo era absolutamente sin concesiones. Mathias Goeritz  fue el que primero que lo dijo: “Luis Barragán es un príncipe del Renacimiento”. Y es que lo era. Alejandro Ramírez Ugarte, aquí presente, le hizo la entrevista más importante que existe. Él nos lo puede platicar. Luis Barragán era el absoluto señor. Pero no el que te hace sentir chiquito ni que te hace sentir “chale traigo unos pantalones medio chafas”: al revés, te hacía sentir bien, te comunicaba calor humano, te animaba…

DP: Entonces también sabía ser discreto y amable…

JP: Nunca en su vida lo viste presumir de algo. Los nuevos ricos le podían producir erisipela.  Vivía muy contenido, era muy reticente. Como historia personal, una vez de las que fui a verlo, cuando ya estudiaba arquitectura, se me ocurrió –como mal pensamiento- “voy a llevar un trabajo de la escuela para en una de esas enseñárselo”. Y lo doblé y lo eché a la  mochila. Pensaba: “vengo con el maestro de maestros a oír todo lo que pueda, y yo con mis rayas en la mochila”. Pero al calor del tequila y de la plática de repente me vi a mí mismo con mi plano extendido sobre el banquito y exponiéndole al más grande arquitecto de México el proyecto escolar. Era, por cierto, el arreglo de una vieja vecindad aquí por La Paz. Luis, con toda gentileza y buen humor hizo observaciones, elogió los croquis, sugirió alternativas. Salí de la visita y no lo podía creer. Así era Luis: te hacía sentir bien, en confianza, te trataba de igual a igual. El verdadero señorío…

DP: Para hablar del Parque de la Revolución: ¿Cuál fue tu experiencia en rehacer, literalmente, de reconstruir una obra de Barragán?

JP: Qué bueno que lo preguntas, porque yo creo que es importante que entre la gente a la que le interesa Luis Barragán, y por lo tanto la arquitectura de Guadalajara, el patrimonio y la ciudad, se pueda difundir este hecho. Luis Barragán en 1935 entra a un concurso, junto con su hermano Juan José, para hacer un parque en los terrenos en donde había estado la parte de adelante de la Penal de Escobedo y en parte también del Jardín de Escobedo. Ese concurso, que convoca el  Gobierno del Estado, se realiza en una etapa políticamente complicada con ciertas tendencias oficiales muy claras…

DP: Todavía estaba la penal tirada ahí, había piedras todavía.

JP: Había piedras de la penal todavía, sí. Entonces hacen el concurso y le entran no sabemos cuántos participantes, no hay documentación al respecto. Pero ganan Luis y Juan José Barragán. Hacen un parque, importantísimo en la carrera de Barragán porque es su primera obra pública, el primer jardín abierto que hace. Está dentro del espíritu ya un poco funcionalista. Es una cosa muy sencilla muy bien pensada y el parque es un éxito. Luego pasan los años y los destrozos. Primero había una glorieta a la mitad de la cuadra entre lo que son ahora Federalismo y Marcos Castellanos. Les pareció que estorbaba para los coches y quitaron la glorieta. Después pasó que en los años cincuenta les pareció que estorbaban los juegos de los niños (porque uno de los cuatro cuadrantes era el recinto para los juegos de los niños) y los tumbaron. Luego, les pareció que las fuentes que había hecho Luis no estaban tan bonitas y quitaron las fuentes para sustituirlas por otras. Luego, ya en 1992, les pareció oportuno poner allí las entradas y salidas de la estación del Tren Ligero… Total una serie de desfiguros que Fernando González Gortázar trató de mejorar: él hizo el hongo, el paraguas que está del lado norte, repuso muchas bancas y faroles. Hubo desde allí algunos esfuerzos por empezar a recuperar el parque, que estaba ya muy perdido. En esta administración se le ocurrió al Ayuntamiento arreglar integralmente el parque –el Parque Rojo, como le dice la banda, un espacio público  que ya está tomando tintes políticos muy interesantes. La banda de chavos que andan proponiendo y andan buscando cambiar al mundo y son 132 y todo eso, se junta en el Parque Rojo. Ese es uno de los muchos factores que va a hacer muy interesante el proyecto, porque por allí pasa la Vía Recreativa, porque se juntan las costureras, las que caminan por la cuerda floja, los que hacen hula-hula: contamos cerca de treinta actividades diferentes…

DP: En la noche otro tanto…del lado sur en la noche…. hay un motel…

JP: Hay un motel que ocupa el lugar de una casa que Barragán le hizo a Efraín González Luna…

DP: Mira qué bonito.

JP: Total el ayuntamiento me hace el enorme favor de encargarme arreglar el Parque de la  Revolución y lo que propuse fue regresar el parque  lo más posible a su estado inicial. Para el efecto me puse a buscar, y encontramos, los planos originales firmados de la mano de Luis Barragán que están en el Archivo Municipal y que cualquiera puede consultar.  Es un claro signo de la autoría y de la época. Con eso hicimos el proyecto del parque, que además incorpora de nueva cuenta el recinto para los niños con su pabellón. Consiste en un muro bajo que contiene los juegos infantiles con un pabellón que está en la esquina de Federalismo y López Cotilla. Todo fue construido exactamente como lo proyectó Luis Barragán. Voy a decir una cosa que creo que les va a parecer chocante, pero creo que tiene congruencia. En Barcelona, en 1929, hubo una feria mundial, y el pabellón alemán lo hizo un señor Mies Van Der Rohe. Al poco andar se acabó la feria y tumbaron el pabellón. (Otros dicen que lo desarmaron y lo mandaron por tren, pero nunca supieron dónde llego el tren.) Total el pabellón desapareció. Para el 1992, para las Olimpiadas, a los catalanes les había quedado el resquemor de haber perdido una obra maestra de Mies Van Der Rohe en Barcelona. Consiguieron los planos originales y lo hicieron  exactamente igual, y es un Mies Van Der Rohe original. Y todos los turistas que les interesa la arquitectura van y  ven el pabellón de Mies Van Der Rohe. La contraparte es que en Guadalajara había un pabellón que había proyectado el arquitecto mexicano más grande de todos los tiempos, premio Pritzker, un artista excepcional. Y lo demolieron.

DP: ¿Estaba dónde?

JP: En el Parque de la Revolución. Ése en el que el Ayuntamiento acaba de reconstruir el pabellón que demolieron en 1950. Y ahí está ahora, y es parte importante del patrimonio jalisciense, nacional y mundial. Y no le debemos nada al señor Van Der Rohe.

DP: ¿Van a hacer la segunda parte del parque?

JP: Espero que sí.

DP: Muchísimas gracias, muchísimas gracias a todos por su paciencia. Y gracias a la ESARQ.

Si alguien quiere hacer alguna pregunta tenemos diez minutos. 

 

Pregunta: ¿Tienes conocimiento Juan, de si Luis Barragán tuvo contacto con los jardines de Xilitla?

Yo creo que sí. No existe constancia documental o testimonial, pero Luis Barragán, por el medio en el que se movía, y por afinidades intelectuales y artísticas, era cercano a los surrealistas. Era amigo de Leonora Carrington, de Remedios  Varo, y probablemente de Edward James. No podía ignorarlo, y sí, alguna vez junto con el Facteur Cheval los mencionaba como ejemplos de la arquitectura que más le interesaba.

(Perdón, antes de que cometa una majadería, porque fui muy majadero de no decirlo al principio, quiero darle las gracias a Lili Ponce, directora de esta escuela. Sin Lili no estaríamos aquí platicando. Perdóname, y muchas gracias.)

P: Sobre la participación de Luis Barragán en la Ciudad Universitaria.

JP: También es incierto si estuvo entre todos los que  participaron directamente en CU. En el número especial que la revista Arquitectura, de Mario Pani, le dedica a CU, su nombre está al final de toda la lista delos arquitectos que participan en la obra. Al mero final dice: “Ingeniero  Luis Barragán, jardines”. Yo creo que si tuvo que ver. Quiero imaginar que ese cuadriculado en el pavimento, de una escala asombrosa, que está frente a la rectoría fue idea de Luis…

P: ¿Qué hay de la relación de Luis Barragán con Louis Kahn, y de lo que pasó en el Salk Institute?

JP: En los años sesenta Louis Kahn conoce a Barragán a través de una exposición de paisajismo que se hizo en Nueva York. Entonces estaba haciendo el Salk Institute, y el dueño, que era obviamente el Doctor Salk, había contratado a Louis Kahn y éste le había hablado a Lawrence Halprin para hacer un bosquecito entre los dos cuerpos de los laboratorios. Como Louis Kahn  era también un genio, no estaba nada convencido del bosquecito. Le escribe a Luis Barragán varias veces, hasta que Luis, que decía que no le gustaba viajar -le costaba mucho trabajo salir de su casa- se anima y va a California. Llega a una junta, que ya ahora es una leyenda, donde estuvieron el Doctor Salk, Louis Kahn y él. Y estaban los dos cuerpos, estos muros de concreto escalonados  y el espacio libre entre ellos. Le dicen Louis Kahn y Jonas Salk: “Bueno arquitecto, ¿qué hacemos, qué hacemos? Luis Barragán voltea, camina, toca uno de los murotes y dice: “Nada, no vamos a hacer nada, vamos a dejar el espacio limpio exactamente como está, con un hilo de agua en medio.” Y así lo hicieron, y eso es lo que vuelve inolvidable al Salk, además de la espléndida arquitectura de Kahn. En los primeros años noventa, el Salk Institute empezó a hacer una adición porque creció el instituto. Y entonces todos los arquitectos se rasgaron las vestiduras, y me acuerdo de una carta de Robert Venturi y su mujer, Denise  Scott-Brown, en el Architectural Record, diciendo que era increíble cómo iban a arruinar “al espacio norteamericano por excelencia”, que se abre al océano, al futuro… Bueno, el espacio norteamericano por excelencia se los organizó un mexicano, y esto está documentado en las cartas y los escritos de Kahn.

Imagen 4

Imagen izquierda, dibujo de Barragán para Louis Kahn. Imagen derecha, Salk Institute.

Créditos fotográficos:

 Imagen 1

Charla: ¿Quién era Luis Barragán? Juan Palomar conversa con Diego Petersen. Escuela Superior de Arquitectura, Jueves 20 de Agosto. Fuente: Arthur Zerpa Photo.

Imagen 2

Edificio de departamentos para Lorenzo Garza (1939) y Edificio de estudios para artistas, Luis Barragán y Max Cetto (1941). Fuente: Luis Barragán. Modernity and Nostalgia in post-war Mexico city. Tumblr.

Imagen 3

Imagen izquierda, Luis Barragán y Gerardo Murillo (Dr. Atl) fotografiados en la tierra por convertirse en los Jardines del Pedregal en la década de 1940. Fuente: Blog La Forma Moderna en Latinoamérica, El Pedregal de San Ángel.

Imagen derecha, Luis Barragán en el acceso a Jardines del Pedregal con El Animal, de Mathias Goeritz (1951) Foto: Eliot Elisofon via LIFE. Fuente: Via pinterest/Ada Brolio.

Imagen 4

Imagen izquierda, dibujo de Barragán para el Salk Institute. Fuente: Foto de Carlos Rodríguez en la exposición del MOMA.

Imagen derecha, Salk Institute. Fuente: commons.wikimedia.org

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