Conversación con Luis Barragán

Presentación del libro “Conversación con Luis Barragán” del arquitecto Alejandro Ramírez Urgarte.

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Discurso de Alejandro Ramírez Urgarte, Diciembre 10 del 2015.

Yo quisiera ser como Luis Barragán. Yo quisiera que todos los estudiantes de la ESARQ sean como Luis Barragán. Prometo explicar esto luego satisfactoriamente, pero antes, permítanme dar un antecedente:
Me tocó la suerte de tener una cierta proximidad a Luis Barragán porque mi mamá era muy amiga de Luz su hermana y a mí me invitaban a fiestas infantiles de sus hijos, los “maguitos”, a su casa. En las pláticas familiares se hacía mención al “buen gusto” de Luis Barragán y de Nacho Díaz Morales (también de mi tío Gabriel Ugarte, pero no de mi abuelo Luis). Nacho, que en aquellos tiempos todavía no se casaba, era una presencia muy celebrada y bienvenida en la casa (tocaba el piano). Estas dos personas Nacho y Luis Barragán constituyeron dos muy fuertes presencias en mi vida temprana y motivo de mi gran curiosidad (no diría de mi admiración, porque no me quedaba muy claro qué era lo que había que admirar).

No fueron ellos los únicos. Mis padres acostumbraban invitar a desayunar a varias amistades que también me causaban asombro por su comportamiento que me parecía fuera de lo común (como si yo supiera a esa edad qué era común). Opiniones fuertes, a veces violentas, sobre temas de religión, literatura, estética, viajes, política. Recuerdo al padre de la Cueva, al padre Leobardo Fernández, al Dr. Chávez Heijoe, a Herrera Rossi, y otras amistades. Así, mi vida de la niñez a la adolescencia transcurrió dentro de una familia de opiniones y convencimiento; de posturas personales claras y pocas banalidades, lo que me demandó tomar parte y partido.

Me pareció que una salida convincente y que me agradaba era estudiar arquitectura. Yo vivía acompañando a mi abuelo, ingeniero, a visitar sus obras y haciendo encargos sencillos, y luego, cuando terminé la secundaria, me dio chamba Nacho Díaz Morales en su despacho; y luego, sin más reflexión, me inscribí en la escuela de arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Nunca consideré la opción de hacerme rico, porque mi mamá nos hizo saber desde muy temprano que oraba diariamente para que nadie de nuestra familia fuera rico.
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En el quinto año de la carrera, en la clase de Teoría Superior de la Arquitectura, con Ignacio Díaz Morales, teníamos que hacer una monografía sobre un arquitecto de nuestra elección y yo no dudé en hacerla sobre Luis Barragán, quien para ese entonces ya tenía un cierto reconocimiento a nivel nacional. Parte de la monografía consistía en una tarea de análisis de la obra, y en mi caso se basó en la axiología arquitectónica, en el análisis de los valores que la deben regir.

En la filosofía de los valores, jerárquicamente el valor superior es el Social, seguido por el Estético y otros. Yo consulté con Nacho, porque yo no tenía duda sobre el valor estético de la obra de Barragán, pero no veía cómo podría atribuírsele valor social a una obra esencialmente burguesa y sofisticada. Nacho me comentó que yo era un estúpido incompetente y que, o encontraba dónde residía el valor social en la obra de Barragán, o me rechazaba el trabajo en su totalidad y reprobaba el curso. Ante tal alternativa no tuve más que inventar una salida digna y convincente. Han pasado muchos años y ahora estoy convencido que Nacho tenía toda la razón.
Releyendo la entrevista que les presentamos esta noche, encuentro referencias muy sugerentes a que en la obra y el pensamiento de Luis Barragán no sólo se manifiesta el valor social, sino que además, en lo personal, me explica y me refuerza en mi convencimiento sobre el valor de dedicarle mi tiempo a la tarea, con un origen algo quijotesco, de una formación al estilo de la ESARQ. Me interesa entresacar del texto un concepto muy recurrente que espero ilustre el por qué.

Contienen las palabras de Barragán varias referencias a la TRADICIÓN, y nos explica que, cito: “…es decir, que nosotros estamos haciendo la arquitectura de nuestra época porque es lo más anti tradicional hacer la arquitectura vieja.” en otra sección dice, cito: “Voy a ver si logro explicar el equívoco al usar la palabra ´arquitectos tradicionalistas´. Generalmente lo entienden por un arquitecto que hace una arquitectura de un estilo de otra época del mismo lugar en el que está.” y propone, cito: “Entonces quiere decir que la verdadera tradición consiste en ir haciendo la arquitectura contemporánea… ¨La tradición es hacer arquitectura de su época, según la vida de la época, conforme a la cultura de la época.” fin de cita.

Yo interpreto, entonces, que ser tradicionalista es ser contemporáneo y ser culto, culto en el sentido de estar en posesión de las esencias que constituyen nuestro lugar y tiempo, de ser capaz de distinguir lo que es nuestro de aquí y ahora; lo común y lo verdadero. Igualmente afirmo que para ser culta una persona tiene que ser auténtica. Luis Barragán, en mi opinión, fue una persona ejemplarmente auténtica y en eso consiste el camino imprescindible para estar en comunión con mi entorno.
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A fin de cuentas eso es lo que me llamaba la atención de aquellas amistades y relaciones familiares, esa permanente discusión y búsqueda empeñosa de la autenticidad que, a mí, en aquel tiempo, me parecía ociosa y excéntrica. Barragán se refiere a encuentros con personajes en sus viajes, cito: “…el contacto con ellos fue para mí muy valioso, más que nada porque me dieron una cierta seguridad en trabajar creyendo que hacía cosas que no eran estándar, me animaron ellos a hacer cosas según el sentir… todo eso sirve indudablemente para la formación o para el desarrollo del sentido estético de las cosas…” fin de cita.

Hablando de verdad y autenticidad, cito: “Voy a contar una anécdota de Jesús Reyes (Chucho Reyes); lo llamaron a una conferencia para televisión y le preguntaron: queremos que nos diga usted qué concepto tiene de la belleza. Y él contestó: pues la belleza es lo bonito ¿Y qué es lo bonito? Pues lo bonito es lo que a mí me gusta ¿Y cómo explica usted eso? bueno, las cosas bonitas son las que yo siento…” fin de cita.

Luis Barragán era Luis Barragán y yo quiero ser como Luis Barragán; quiero ser yo; y quiero que todo el mundo sea como Luis Barragán: que cada quien sea como es.

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There is one comment

  1. ana renteria

    Excelente!!! Mil gracias, no pude asistir a esta charla pero ya con esto, se de lo que me perdí, pero ya aprendí mucho!! Felicidades!!

    Ana Renteria

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