Conexiones públicas, desconexiones personales

Por Omar Ortíz

A veces me pregunto por qué a esta ciudad le falta accesibilidad total en cuanto a internet, y en algunos casos, cada vez ya menos, a los contactos eléctricos en bancas o en el piso, en los espacios públicos, que así parecen puertos marítimos donde cada quien llega y conecta su cable a manera de ancla, para navegar por la red sin ninguna preocupación de energía; sin embargo, los nuevos dispositivos cada vez más inteligentes nos permiten seguir navegando sin anclas, es decir, aun más móvil, más efímero en el espacio, más y más, que a su vez es menos espacio público y en su lugar un espacio vacío de público.

El otro día, mientras esperaba la hora de encontrarme con un amigo, me senté a esperarlo en una banca de la plazoleta España, ubicada en Justo Sierra y Chapultepec, normalmente ocupada por quienes pensamos que el camellón es demasiadomainstream… Al sentarme inmediatamente percibí el roce de la piedra de cantera con la que está hecha la banca, el viento que sopla en los primeros días de abril, aliviando el calor de la tarde, las hojas que corren por el suelo como si quisieran enseñarme un camino hacia donde voltear a mirar… Estoy ahí, bajo la sombra de una jacaranda y observo, me relajo y al instante pienso en la bolsa de mi pantalón y lo que hay ahí dentro: saco mi dispositivo móvil (en este caso iPod Touch) y busco redes; no hay, “estoy en un bote sin remos en medio del mar” no necesito anclas, tengo suficiente batería, pero no puedo navegar. Enseguida pienso “todos los espacios públicos deberían tener red inalámbrica” y es justo ahí donde caigo en cuenta: ¿Deberían los espacios públicos como plazas, parques, camellones o la misma plazoleta en la que ahora estoy, tener este tipo de servicios? Guardo mi dispositivo y simplemente comienzo a observar en torno; me di cuenta de que hacía tiempo que no contemplaba mi alrededor: sólo estar ahí, y mirar, ¿qué pasa frente a mí? Sentir el aire y su aroma de primavera; y en un instante estoy más relajado que minutos antes, me gusta esa sensación, hace tiempo ya que no la experimentaba… Se pueden tener muy buenos argumentos sobre las posibilidades que potencializan un espacio público al tener este tipo de servicios, sin embargo, en ese momento me di cuenta de que no necesito ninguna de esas posibilidades si lo que busco en ese espacio específico es salir un rato de la rutina, relajar mi mente y pensamientos, sentarme, distraerme y dedicarle algunos minutos a ver mi ciudad. Pensar sobre ella y cómo me comporto delante de ella. Pienso que de haber tenido internet hubiera revisado en primer lugar mi cuenta de facebook o correo electrónico, entre otras aplicaciones para enterarse de lo que hacen los demás, menos de lo que hace uno mismo, o en su caso regresar “al trabajo” y revisar cuentas pendientes, etc., y entonces hubiese hecho lo que en mi casa u oficina puedo hacer y que lo hago la mayor parte de mi día.

De esta manera creo que hay lugares para cada cosa; yo prefiero entonces que los dispositivos móviles permitan que mi mente se movilice un rato en las áreas libres. Me acomodo más sobre la banca, que ahora parece muy cómoda, y siento…

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