UN PALACIO PARA LAS VACAS

Por Arq. Rebecca López Vera

Un auténtico palacete ecléctico de principios del siglo XX, situado en lo que era el antiguo paseo filipense, es el “Palacio de las Vacas”.

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La historia se remonta a finales del siglo XIX cuando un agricultor llamado Segundo Díaz adquiere un terreno en la calle de San Felipe con el propósito de construirle una casa a su familia a la usanza de la verdadera elite porfiriana tapatía. Según las escrituras el predio ya contaba con fama y un nombre de barrio: “Teatro de la Unión”, catalogado así debido a su uso como espacio para entremeses y pastorelas, terreno sin edificar, con solamente un establo y una gradería.

La finca ve la luz en el año 1910, fecha grabada en el remate de la fachada, de un género arquitectónico ecléctico mezclado con rasgos muy distintivos mudéjares. La distribución interna del inmueble también obedece a este estilo islámico español; se encuentran dos patios interiores flanqueados por arcos en forma de herradura donde se desarrollan la mayor parte de las actividades de día y de noche y en la parte posterior del predio aparece un tercer patio donde seguramente se encontraban el huerto y los servicios en su uso original.

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Al poco tiempo de terminada la construcción Don Segundo Díaz vende la parte trasera del terreno y pasa la casa principal a su hermano Miguel Díaz, el cual siendo también agricultor le da un uso de lechería, y de ahí proviene el popular apodo de “Palacio de las Vacas”. La riqueza de este inmueble no sólo reside en el valor arquitectónico de su factura, sino también en el valor artístico al interior de él: muros y techumbres se encuentran decorados con pintura mural realizada en diferentes etapas y con diferentes técnicas pictóricas, en su mayoría ejecutadas por el artista Xavier Guerrero a principios del siglo XX; se muestran  escenas bíblicas, paisajes rurales, urbanos, así como escenas mitológicas que describen cada uno de los espacios interiores del inmueble, por lo que interpretar el uso original es realmente fácil.

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A lo largo de los años desde el término de su construcción la finca ha pasado por trece propietarios, los cuales le han dado diferentes usos siendo varias veces centro educativo, comercio de tapices, restaurante, cafetería y actualmente se renta para eventos y sesiones fotográficas.

Si bien este inmueble se ha hecho cada vez más popular entre los ciudadanos tapatíos por sus maravillosos murales y su arquitectura ecléctica tan peculiar, poco se conoce la historia de los grandes deterioros a los que esta finca ha sido expuesta, ya que a través de estas afectaciones nos revela no sólo el paso del tiempo, sino también el paso de sus diferentes usos y las poco afortunadas intervenciones de sus antiguos propietarios. El problema más grave de este predio es la humedad, y no la humedad freática con que la mayoría de las fincas del centro histórico son afectadas debido a la cercanía con el río San Juan de Dios, sino es la humedad por filtración la que amenaza directamente y de manera estructural diferentes partes del predio de una forma importante.

Al parecer en alguno de los diferentes usos que tuvo el inmueble se quiso inundar con la tan temible y usual técnica de tapar los bajantes pluviales con cemento, lo que ocasionó una gran acumulación de agua que humedeció casi al 100% la losa de terrado de vigueta y bovedilla de la casa. La pérdida de aplanados, presencia de sales, microorganismos y una sobrecarga estructural produjeron fisuras y grietas en la planta alta y las arquerías, deterioros que han provocado la pérdida de casi la totalidad de los murales del techo del segundo nivel de la finca.

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Esta casa ha estado al borde de la desaparición pero por suerte del destino se ha mantenido en pie; durante los últimos 17 años ha sido propietario un americano llamado John Allen Davis el cual compra la finca hacia el año 1999, tratando de conservarla lo mejor que puede dándole un uso rentable que deje los recursos para su mantenimiento y restauración.

No puedo finalizar este artículo sobre tan importante finca, sin mencionar a lo que llamo “La hermana del Palacio de las Vacas”, un predio situado en la misma calle de San Felipe pero ubicado en las cercanías al parque Morelos, con un muy similar estilo ecléctico mudéjar. Es un inmueble con las mismas características que el Palacio pero de proporción más pequeña; es probable que esta haya sido la segunda finca en edificarse por el mismo alarife, pero es evidente que el presupuesto para la construcción fue menor debido a su ubicación y a su proporción en general.

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Actualmente este inmueble está divido en dos: en su interior también se encuentra pintura mural en paredes y techos, pero el estado en que se encontraba hasta hace unos meses era tan deplorable que era imposible localizar algún tipo de firma o pista sobre los pintores o el alarife. El evidente parecido es innegable no sólo en los vanos, sino también en la peculiar herrería y en los murales interiores; incluso la distribución interna es similar, contando con dos pequeños patios y arquerías perimetrales. Hasta hace algunos meses este predio estaba abandonado pero recientemente ha sido adquirido, nuevamente por un extranjero, lo que pareciera la única salvación ante el lamentable abandono y deterioro de estas fincas patrimoniales.

 

Fuentes:

  • Francisco Ayón Zester. (1988). Paseo filipense: una historia de la calle San Felipe. Guadalajara Jalisco: Ayuntamiento de Guadalajara.
  • Eugenio Ruiz Orozco. (1988). El centro histórico de Guadalajara. Guadalajara, México: Ayuntamiento de Guadalajara.
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