Sobre la escultura pública en Guadalajara.

Por Alejandro Ramírez Lovering.

Recientemente se ha hablado mucho en redes sociales, y en los medios, acerca de la adquisición, por parte del Ayuntamiento de Guadalajara, de una escultura de José Fors, que se instalará como arte público en el centro de la ciudad. Ha habido comentarios a favor y en contra; quizás más en contra que a favor. En lo personal, las imágenes de la propuesta no me parecen especialmente atractivas ni interesantes, pero esto no deja de ser una opinión muy personal, y alguien podría decir legítimamente todo lo contrario. Pero la realidad de la situación es que es una obra que ya fue contratada por el gobierno, y que es una de varias que se pidieron a otros artistas de Guadalajara. Si la ciudad se va a embellecer o a dignificar con dichas adquisiciones o no es muy discutible.

Lo que es interesante y positivo de este tipo de intervenciones urbanas es que pueden servir para detonar dinámicas, experiencias y reflexiones en la gente que va a convivir con ellas. Es una pieza que probablemente se convertirá en uno de los “habitantes” de la zona, y su presencia empezará a formar parte de las narrativas locales. Independientemente de su valor artístico o estético en el sentido estricto de la palabra, es un objeto que muy probablemente va a llamar la atención y que invitará a la interacción, como lo anuncian sus promotores. De esta manera se integrará a la cultura local, y será un ejemplo, bueno o no tan bueno, del interés que un grupo político y social ha puesto en el arte urbano. Es decir, el arte y el arte urbano serán un  tema de conversación de la gente que pase por ahí. El hecho, en sí, de que se destine parte del dinero del gobierno a la compra de arte es algo positivo, pues establece una postura política muy pertinente e incluso necesaria. Ojalá que esto no se trate de un hecho aislado, sino que refleje una tendencia general a largo plazo.

Uno de los argumentos en contra es el hecho de que el autor, José Fors, está vinculado con el gobierno, ya que apoyó a Enrique Alfaro en su campaña (cosa que no me consta, pero supongamos que es cierto). Por ende, en las críticas que he leído se da a entender que es poco ético permitir que él venda una obra al gobierno. La realidad es que así se llevan a cabo muchos procesos de la vida política y económica en el mundo, no sólo en Guadalajara. Si un artista es conocido por la gente que detenta el poder y el dinero, y si es un artista que una buena parte de la población identifica y aprecia, no nos debe sorprender que sea quien es seleccionado para este tipo de comisiones. Ya me imagino las críticas, si, por el contrario, el caso hubiera sido el de un artista desconocido el que fuese elegido: “Pero si a Fulano nadie lo conoce, ¿de dónde salió?”

Quizás una estrategia políticamente más correcta habría sido formar un equipo de jueces expertos en el tema de arte urbano, que lanzaran una convocatoria y que se concursaran las propuestas. Pero entonces cualquiera podría cuestionar la selección misma de los jueces. Porque hay de expertos a expertos; en nuestra ciudad hay especialistas, es decir, personas involucradas desde hace muchos años en el medio artístico y cultural, que se inclinan por los lenguajes y/o medios tradicionales (pintura, escultura, etc.), y hay quienes abogan más por propuestas más contemporáneas (instalación, video, performance), por llamarlas de alguna manera. Cada “experto”, curador, crítico o gestor, tiene necesariamente relación y trabaja comúnmente con artistas y personajes específicos, así que el seleccionar a un experto predispone la selección de entre cierto grupo de artistas. Un crítico, un curador, es todo menos imparcial.

Por lo demás, criticar la compra de una escultura de bronce porque cuesta demasiado dinero es un argumento poco sólido; el bronce es caro, y el proceso es caro, no hay vuelta de hoja. El arte es “caro”, por donde se le vea, ya que, efectivamente, no redunda directamente en ningún proceso productivo. Que sea una buena o mala inversión es otra cosa; pero no dudo que a la larga la pieza de Fors pueda ayudar a generar movimiento económico en la comunidad. Y el decir que hay cosas más importantes en qué gastar 4.5 millones, también es un argumento sin salida. Más bien, yo diría que hay muchas maneras peores de gastar ese dinero, y a todos nos consta esto. Me gusta la respuesta de Winston Churchill, cuando le dijeron que había que recortar el presupuesto de arte y cultura para meterlo al esfuerzo de la guerra: “… ¿y entonces, para qué estamos luchando?”

 

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